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31/01/2012
Es común sentir cierta preocupación o recibir presiones sobre cómo encajará nuestro perro en la nueva situación. Sin embargo, tomando ciertas precauciones, podemos disfrutar de una experiencia doblemente extraordinaria.
Afortunadamente, los bebés no llegan de repente, sino que disponemos de varios meses para prepararnos, nosotros y nuestro perro, para su llegada.
Si antes de que nazca ya hemos decidimos que algunas normas serán diferentes cuando tengamos al bebé, lo mejor es empezar a hacer los cambios lo antes posible. Así el perro se va acostumbrando y no los asocia directamente con el recién nacido.
Tan pronto como nazca el bebé, es recomendable pedirle a alguien, pero de confianza para el perro, que lleve a casa ropita usada (o incluso pañales) con el nuevo olor, para que el perro empiece a reconocerlo.
Al volver del hospital, habrá que hacer la presentación “oficial”, lo que llevaremos a cabo con calma y tomándonos el tiempo que haga falta. Lo podemos hacer acercando al perro el niño en brazos o dejando al bebé en el suelo. En ambos casos, el perro le olerá y le integrará como parte del grupo. Después iremos enseñando al perro las nuevas rutinas de la familia en cuanto a las comidas, los paseos, etc., pero, por supuesto, nunca se dejará al bebé a solas con el perro sin vigilancia.
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